Las Cañitas

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Como en cualquier gran ciudad, en Buenos Aires hay barrios que se reciclan y entonces pasan de olvidados a top; de rezagados del mapa a la cúspide del mercado inmobiliario; de arrabal semi gris a epicentro de la moda, el diseño y la vida nocturna. Las Cañitas es uno de esos ejemplos: a medio paso entre Belgrano y Palermo; con sus altas torres, su cancha de polo y su extensa lista de bares y restaurantes.

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Las Cañitas queda cerca

Los contornos de la zona no están demasiado claros, ya que Las Cañitas no es un barrio oficial sino más bien la denominación informal de un área de unas veinte manzanas que fue creciendo con su fama de distrito en boga. Así y todo es posible afirmar que sus límites son las avenidas Luis María Campos, Dorrego, Libertador y la calle Benjamín Matienzo, donde comienza otro sector conocido como “La Imprenta”. Todo queda a un paso del centro de la ciudad, en una zona accesible mediante infinidad de colectivos, el ferrocarril (la estación Tres de Febrero de la línea Mitre, a cinco minutos de Retiro), o incluso subte (la estación Ministro Carranza de la línea D te deja a unas pocas cuadras).


En Las Cañitas se come bien

Con la calle Báez como eje estructurante del movimiento, Las Cañitas se presenta como una zona eminentemente restaurantera, tanto es así que fueron los locales gastronómicos los que inicialmente -a fines de los ’90- cambiaron la fisonomía del barrio. Mucho sushi, mucha parrilla con onda y mucho italiano conforman, entre otras propuestas, la oferta que oscila el medio centenar de locales y se completa además con heladerías, bares, cafés y la estrella del momento: esos sitios donde, más que nada al mediodía, sobresalen las ensaladas, los sándwiches gourmet, los jugos y las propuestas saludables. Para nombrar solo algunas de las opciones, entre los decanos del barrio figuran El Primo (cocina porteña), La Fonda del Polo (bodegón más o menos elegante), Las Cholas (parrilla joven), Novecento y La Cucina de Michelle (platos italianos), Morelia (pizza a la parrilla) y Veggie's & Co (alimentos naturales).

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Las Cañitas es chic por donde se lo mire

Más allá del innegable fuerte gastronómico, la zona fue poblándose también de originales tiendas de indumentaria y decoración, a lo que se suma la presencia de íconos como el Campo Argentino de Polo (donde cada noviembre se juega el certamen más importante del mundo en este deporte, imán de un distinguidísimo público), el Hipódromo Argentino (del lado opuesto de la Avenida Libertador) y el adyacente y reciclado salón Tattersall, escenario de eventos, exposiciones y remates de caballos.

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Las Cañitas tiene noche

Cuando cae la tarde Báez se transforma en algo así como una pasarela gigante. Incluso hasta caminar se vuelve difícil, aunque en el fondo nada de eso importa: solo se trata de estar ahí y mostrarse y observar de reojo las mesas sobre la vereda rindiéndose, tal vez, ante el discreto encanto de mirar y ser visto. Están los históricos Van Konig (de estilo holandés) y Jackie O (con su gran barra), apuntalados de cerca por los ya clásicos Mona (modernísimo) y Mute (autodefinido como restaurante sonoro) y los más recientes Antares (cervecería) y Lupita (mexicano). Todos quedan sobre Báez, y todos –sin excepción- son concurridos por gente joven y bonita.

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Las Cañitas está a un paso de una de las zonas verdes más lindas de la ciudad

Solo hace falta enfilar en dirección hacia Libertador por la Avenida Dorrego, bordear el hipódromo y cruzar bajo las vías del ferrocarril por la calle Marcelino Freyre hasta el bellísimo Rosedal de Palermo. Su Patio Andaluz, su lago, glorietas, canteros de rosas y su magnífico puente de madera lo convierten en uno de los sectores más destacables de ese gigantesco pulmón verde llamado Parque Tres de Febrero.

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Las Cañitas fue y volvió

A todo esto, ¿de dónde es que proviene el curioso nombre de “Las Cañitas”? De que allí mismo existió hasta principios del siglo XX una quinta que así se denominaba por su cañaveral y por la senda popularmente conocida como “El camino de las cañitas”. Con el tiempo la zona se transformó en un barrio eminentemente militar, hasta que en los noventa arribó con fuerza la consabida movida nocturna y gastronómica. Pero lo cierto es que hoy Las Cañitas cambia nuevamente de piel, manteniendo su impronta de bares y restaurantes pero consolidándose también como un barrio familiar, con movimiento a cualquier hora y con la correspondiente proliferación de almacenes, farmacias, colegios, nuevas torres y las viejas casonas de siempre. Es así que convive el distrito chic y nocturno con la cotidianeidad de un barrio común y corriente en esta pequeña comarca tan única como Buenos Aires.

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