Retiro

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Retiro es uno de los barrios más pequeños de Buenos Aires -apenas 2,8 kilómetros cuadrados-, sin embargo, la cantidad de historia e idiosincrasia argentina con la que te podés encontrar es muy variada. Probá bajando las barrancas de la Plaza San Martín; o caminando sus callecitas sinuosas que no escatiman en galerías de arte; o cruzándote con las hordas de pasajeros que confluyen diariamente (¡más de cien mil!) en su estación ferroviaria...

Es que en Retiroconviven los opuestos. Hoteles de lujo, con puestos callejeros del localísimo choripán -una especie de sándwich de salchicha a la parrilla-. Torres de edificios ultra modernistas, con algunos de los mejores exponentes arquitectónicos de la Belle Epoque. El Monumento a los Caídos en Malvinas, con la Torre de los Ingleses. Y en ese mix de experiencias, Retiro muestra la multifacética Buenos Aires mejor que ningún otro barrio.

EL PUNTO DE PARTIDA ES, SIN DUDAS, LA PLAZA SAN MARTÍN.

Diseñada por el afamado paisajista Carlos Thays, podrás ver a los oficinistas almorzando al sol, o también a las tribus urbanas adolescentes ensayando coreografías de hip-hop. ¿Dónde? En las escalinatas del monumento al prócer en honor al cual se nombró la plaza -quien, por supuesto, aparece montando su legendario caballo-.

En diagonal, es muy fácil identificar la estación de Retiro, uno de los centros neurálgicos de la ciudad. Realmente, vale la pena entrar al edificio del Ferrocarril General Mitre. Con su espectacular hall, durante décadas fue una de las construcciones más emblemáticas de Sudamérica. Además, en sus andenes se filmó la escena fundamental de El secreto de sus ojos, del director Juan José Campanella, que ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera en 2010.

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Enfrente se encuentra la plaza donde se erige la Torre de los Ingleses: un regalo de los británicos en 1909, para conmemorar los cien años de la Revolución de Mayo -el primer paso hacia la independencia argentina-. Y, cruzando, se encuentra el hotel Sheraton con toda su racionalista corpulencia, escenario clave del film de Fabián Bielinsky Nueve Reinas, otro de los títulos fundamentales del cine argentino. Esos edificios que le siguen al Sheraton son parte de una zona conocida como Catalinas Norte, donde se encuentran los edificios de algunas de las compañías más importantes del país. Como un petit Wall Street, este complejo comenzó a erigirse hacia las alturas a principios de los 70. Y aún hoy continúa en expansión: en 2010, el Gobierno de la Ciudad vendió los espacios aledaños por 181 millones de pesos, y muchos hablaron del “terreno más caro de la Argentina-. La compra la hizo el empresario y coleccionista de arte Eduardo Constantini -dueño del museo Malba, entre otras tantos proyectos-.

Pero Retiro es también tierra de mujeres. Dos de ellas, muy poderosas, fueron quienes ordenaron la construcción de los edificios más emblemáticos -y antagónicos- del barrio. En Arenales 761 se encuentra la sede de la Cancillería argentina -ex Palacio Anchorena-, un símbolo de la aristocracia porteña afrancesada de principios de siglo XX. Y en Florida 1065, el edificio Kavanagh, un gigante de hormigón de estilo art decó: al momento de su inauguración en 1936, era el más alto de Sudamérica, con 120 metros y 33 pisos. Es famosa la leyenda de que Corina Kavanagh habría diseñado su coloso para obstruirle a Mercedes Castellanos de Anchorena la vista a la Basílica Santísimo Sacramento. ¿Por qué? Porque Doña Mercedes desprobó como nuera a la hija de Corina Kavanagh por su linaje plebeyo.

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Y ahora sí, para ir más allá del epicentro de Plaza San Martín, elegí tu propia aventura: ¿Ir para el sur o para el oeste? Si querés acción, entonces la respuesta es el sur. Por un lado, tenés el inicio de la famosa peatonal de Florida. Sinónimo por excelencia del shopping, Florida tiene de todo, desde cueros hasta electrónica pasando por ropa de primeras marcas y souvenirs. También hacia el sur nace la calle Reconquista, poblada por un sinfín de bares que alrededor de las seis de la tarde inauguran su after office y se llenan de locales y extranjeros que aprovechan el 2x1 en tragos y cervezas.

En cambio, si querés una pausa del ajetreo urbano, mejor tomar hacia el oeste para disfrutar la calma que se respira en las distinguidas calles de Basavilbaso, Juncal, Esmeralda, Suipacha y Arroyo. Esta zona, de galerías, anticuarios y locales de diseño, es sinónimo de arte high class. Si te sorprende una fachada colonial, es porque llegaste al Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco (Suipacha 1422). Este exquisito museo despliega una de las mejores colecciones de la época del virreinato, con objetos que van desde el legado jesuítico y franciscano hasta el guaraní e incluso flamenco. Su encantador patio con aljibe y enredaderas es un oasis de paz y silencio, y te hará dudar de que no te hayas transportado fuera del frenesí porteño.

Si todavía te quedan energías, seguí bajando por Suipacha hasta Avenida del Libertador. Ahí nomás, en el número 405, te encontrarás con el atelier del extravagante artista Carlos Regazzoni, quien se hizo famoso por sus colosales insectos hechos con vías y partes de trenes en desuso. Poblado de aparente chatarra que él transforma en obras de arte vanguardista, su espacio de trabajo es fiel reflejo de su mundo fantástico e intrigante. No te preocupes, seguís en Buenos Aires; ésta es solo otra de sus múltiples caras.

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