Radiografía de la Avenida de Mayo: 10 cuadras de historia y opulencia

Impregnate de espíritu religioso y recorré la avenida de Mayo en modo peregrinación admirando cada símbolo, monumento y anécdota que esta fundamental calle porteña tiene para mostrarte. Dejate seducir por el esplendor de un pasado con promesas de futuro.

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Radiografía de la Avenida de Mayo: 10 cuadras de historia y opulencia

30 may, 2016

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Impregnate de espíritu religioso y recorré la avenida de Mayo en modo peregrinación admirando cada símbolo, monumento y anécdota que esta fundamental calle porteña tiene para mostrarte. Dejate seducir por el esplendor de un pasado con promesas de futuro.

Pensada para presumir el desarrollo del país, la avenida de Mayo se inauguró en 1894 y llegó a su máximo esplendor durante los festejos del centenario de la revolución en 1910. De ahí en adelante, gracias a su ubicación, se ha convertido en una testigo privilegiada del acontecer histórico de la ciudad. Junto con el vínculo simbólico, es la conexión más directa entre el poder ejecutivo y el legislativo: como en un espejo desde ambos extremos se miran la Casa Rosada y el Congreso de la Nación, separados por diez cuadras que atraviesan la Plaza de Mayo y cruzan la Avenida 9 de Julio.



Lo más probable es que inicies la procesión desde la casa de gobierno debido a que se trata de una zona ícono de la ciudad. Relajá el cuello y preparate para un paseo donde lo más importante lo vas a encontrar en las alturas.

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Enfrente del Cabildo, vas a ver el edificio donde funcionaba el diario más antiguo del país, La Prensa, que hoy es la Casa de la Cultura. Sin ser un rascacielos -se levanta hasta cinco pisos sobre el nivel del suelo-, la construcción se destaca por su torre que sostiene la estatua de una mujer de cinco metros de altura que representa a la diosa de la sabiduría: Palas Atenea.

Caminá con atención, hay cientos de motos y colectivos que circulan por microcentro. Los motoqueros se han convertido en instituciones de la zona tanto como los lustrabotas, los kioscos de revistas o los cafeteros ambulantes.

Y ya que hablamos de café, cuando llegues a la esquina del cruce con Perú -la continuación de Florida-, podés hacer una primera parada para sentarte en el histórico bar London City, uno de los notables de la ciudad donde, entre otros acontecimientos, Julio Cortázar escribió la novela Los Premios en la década del 70.

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De los dos lados de la avenida, podés bajar a la estación museo del subte Perú, que pertenece a la primera línea de subterráneo no sólo de la Argentina, sino de Sudamérica. Tanto el hall de entrada como los andenes se encuentran conservados tal como cuando se inauguraron en 1913.

Sigamos… Concentrate en la arquitectura de los edificios que alternan estilos italiano, español y francés, con increíbles trabajos de herrería en puertas, balcones y ventanas, además de los relieves decorativos presentes en casi todas las fachadas.

Casi todas las construcciones son dignas de una pausa, por ejemplo: el edificio cubo Drabble y el palacio Vera

Entre Piedras y Tacuarí, reservate otra parada obligatoria: el Café Tortoni te espera con el espíritu legendario de haber sido espacio de reunión de importantes intelectuales y artistas como Jorge Luis Borges y Carlos Gardel, de quien dicen tenía una mesa exclusiva al final del salón donde recibía a sus amigos. Hoy, sus paredes son un museo viviente que cuentan la historia cultural argentina desde 1858. Disfrutá de los espectáculos de tango y acompañalos con la especialidad de la casa: el chocolate con churros.





Cuando retomes la caminata, jugá a encontrar al único edificio que desentona con la arquitectura de la avenida: se trata de la actual ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica), una obra del racionalismo alemán, sólida y austera, que perteneció a la empresa Siemens.

Cuando llegues a la 9 de Julio no te apures por cruzarla de una sola vez -misión imposible, además- y aprovechá para contemplar de un lado, el Obelisco, y del otro, el mural de Evita sobre la fachada del Ministerio de Desarrollo Social. En una de las plazoletas laterales, el Quijote de la Mancha te espera para animarte a seguir hasta el Congreso.

El atardecer es un gran momento para recorrer esta zona y disfrutar de una imponente postal porteña con el cielo en naranjas y violáceos, y las primeras luces de neón de las marquesinas que se van encendiendo de a poco.

Una vez que cruzás la avenida más ancha del mundo -la 9 de julio-, analizá la arquitectura y los nombres que aparecen en este sector de la avenida: te vas a dar cuenta de que la cultura española monopoliza el panorama en hoteles, cafés y teatros. El Castelar es el magnífico hotel que vas a ver primero, de perfil academicista. Allí, si querés, podés entrar a la habitación museo en la que se hospedó durante seis meses Federico García Lorca con motivo del estreno de su obra Bodas de Sangre, que se presentó en el Avenida, el teatro que se encuentra en la cuadra siguiente. Inaugurado en 1908, fue sede de compañías españolas de zarzuela, teatro y ópera. En la misma cuadra, al 1264, se encuentra el edificio donde funcionó el primer ascensor de la avenida. Y para terminar con las efemérides de estos cien metros, enfrente se encuentra el bar Los 36 billares con más de cien años de historia y restaurado a nuevo con sus correspondientes mesas de, claro, billar.

La peregrinación por avenida de Mayo tiene atracciones en todas las cuadras

Cruzando la calle Santiago del Estero, sobre la vereda norte, te vas a encontrar con el hotel Majestic, que fue inaugurado especialmente para los festejos del centenario de la revolución en 1910. Allí se alojaron las delegaciones de los países invitados. Y aunque hoy conserve muy poco de sus tiempos de esplendor -es el edificio donde funciona la nada glamorosa Administración Federal de Ingresos Públicos-, su fachada es un ejemplo de art decó.

En esta cuadra te espera del lado sur uno de las obras más hermosas de la ciudad: el palacio Barolo. Hay visitas guiadas de día y de noche para conocer sus interiores. Vale la pena descubrir esta joya de la arquitectura construida entre 1919 y 1923, diseñada por el italiano Mario Palanti. Se trata de un edificio de 22 pisos de estilo ecléctico con hilo conductor literario: todos sus espacios remiten a la Divina Comedia de Dante Alighieri.

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Las cúpulas rojas que se destacan en la última esquina de la avenida antes de llegar a la Plaza del Congreso pertenecen al edificio de La inmobiliaria. En el piso más alto vas a ver las estatuas de Venus y Apolo.

Mientras descansás las piernas en un banco de la plaza, aprovechá para estudiar el hermoso palacio del Congreso con su imponente cúpula verdosa y no dejes de pararte al lado del monolito que indica el kilómetro cero desde donde se cuentan las distancias de todas las rutas nacionales.

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